PROFESORADO DE ARTES VISUALES DEL INSTITUTO SUPERIOR SANTA ANA-

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Pablo Picasso

miércoles, 24 de abril de 2013

A PROPÓSITO DE ROBERTO AIZENBERG


 
Padre e hijo contemplando la sombra de un día.

Aizenberg, Roberto (1928)
Padre e hijo contemplando la sombra de un día, 1963
Óleo sobre tela, 44 x 35 cm
Colección Museo Nacional de Bellas Artes Buenos Aires
Premios Konex 1982 y 1992
 
La técnica de una elaboración casi preciosista y un ajustado rigor formal son algunas de las condiciones necesarias que deben ser tenidas en cuenta para penetrar en la obra de Roberto Aizenberg. En un momento de multiplicación y apertura de los lenguajes artísticos en la Argentina y dentro de una década convulsionada como fue la del 60, Aizenberg se ciñe a una técnica clásica de la pintura. Desde la actitud conceptual hasta la aplicación práctica de dicho procedimiento pictórico, se marca una toma de partido: el del rescate de un tiempo, que no es el cotidiano, y de un lugar, que no es el topológico que habitamos.
Esta obra en particular posee un aspecto simbólico y también demostrativo, pues nos muestra una concepción, tanto del mundo, como de la obra del artista. Es un ejemplo de pintura metafísica con cierto procedimiento surrealista. Aizenberg es el máximo representante de esta estética, que es muy propia de un carácter argentino, pero que sin embargo, solo en él se ha presentado de manera tan neta.
El espacio bidimensional dividido en dos partes, como en la mayor parte de su producción, marca la dualidad tierra-cielo. La zona de la tierra está tratada con la técnica del frottage inaugurada por Max Ernst, que deja aflorar en la superficie una textura subyacente. La mayor parte de la misma esta en sombra. Su última fracción muestra la aparición de la última luz del día en el horizonte, cuya luminosidad constituye el punto más atrayente de la visión. El cielo en contraposición es liso. La pequeñez de las figuras de padre e hijo que contemplan a través de la baja pared dan una doble idea, tanto de inmensidad del universo frente al hombre o de que todo el espacio que se yergue frente a ellos es el espacio de la interioridad del hombre. En este último caso, la actitud del padre es la de iniciación del hijo. Ambos conceptos son abarcados por lo metafísico.
Aizenberg nació en Federal, provincia de Entre Ríos y se trasladó junto a su familia a Buenos Aires a los ocho años. Entre 1950 y 1953 concurre al taller de Batlle Planas. En 1958 hace su primera exposición individual. Muy tempranamente en la trayectoria de un artista, a los cuarenta y un años, el Instituto Di Tella, el lugar de máxima difusión de la cultura contemporánea de los 60, le organiza una exposición retrospectiva.
Ha declarado: "... soy consciente de que mi pintura es una investigación espiritual...".
Otras obras suyas muy características las constituyen unas arquitecturas verticales, que en oposición a la horizontalidad de la tierra buscan lo absoluto. En ellas, aunque de manera abstracta, hay una reminiscencia del paisaje habitual de la pampa.
Mercedes Casanegra
 

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