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Pablo Picasso

jueves, 23 de febrero de 2017

El Carnaval, quintaescencia del espíritu veneciano-


Escena de carnaval o El minué
Giandomenico Tiepolo (1727-1804)



















El Carnaval alcanzó en tiempos de Vivaldi la más larga duración de su historia, una duración que ya 
no cambiará hasta la caída de la República. Las festividades comenzaban el primer domingo de Octubre para acabar dos semanas antes de Navidad, período durante el cual La Señoría impuso, a partir de 1699 la suspensión de teatros y diversiones. Luego todo se reanudaba para la temporada central que iba del 26 de diciembre (a veces sólo desde la Epifanía) a la víspera del Miércoles de Ceniza, con un constante ascenso de la locura colectiva hasta el momento de las fatales campanadas de medianoche de ese martes: se entraba entonces en Cuaresma, antítesis de los regocijos carnavalescos. Finalmente, para satisfacción de los venecianos, todo se recuperaba más y mejor durante las dos semanas siguientes a la Ascensión y con los Esponsales del Mar. Hay que añadir aun la fiesta de San Marcos y las eventuales elecciones del dux y de los procuradores.

Venecia siglo XVII


Escena de Carnaval Venecia, Anónimo, S. XVIII.
En total eran cerca de seis meses del año los que se dedicaban a la fiesta más alegre y más libre que podía verse en la Europa de entonces, y se entiende por qué los extranjeros, incluidos los de otras naciones italianas, se precipitaban a esta ciudad hasta hacer crecer en una cuarta parte su población.
Cinco a seis meses durante los cuales, del dux a la sirvienta, todo el mundo podía ir enmascarado, podía permitirse hacerlo todo y decirlo todo gracias al anonimato que garantizaba la impunidad. No habrá ya día ni noche, ni hora ni reglas, ni clases sociales.
“Se ve a la nobleza mezclada con el pueblo- explica Casanova- el príncipe con el súbdito, lo raro con lo ordinario, lo bello con lo horrible. No hay ya magistrados, ni leyes en vigor”

Escena de carnaval de Giandomenico Tiepolo (1727-1804)


Para el común de los mortales o el visitante de paso, nada igualaba a sus ojos esa explosión de alegría en la que cada actual podría ser actor de un fabuloso espectáculo.
Lo que diferenciaba al Carnaval veneciano de otros carnavales europeos era la obligación,, y no la mera posibilidad, de ir enmascarado por todas partes, en la calle, en la góndola, en el teatro, en la iglesia, donde el dux, en las casas de juego. Todas las barreras sociales se nivelaban: el plebeyo se convertía en príncipe o dios, la patricia se envilecía. En cualquier lugar  no se veían más que sátiros, moriscos, reyes, diablos, turcos, sin contar los innumerables personajes de la comedia italiana.



Patricio o ruin, cualquiera podía cambiar de sexo a su conveniencia y dar el pego con tal de no dejarse delatar por el sonido de la voz. Estos disfraces y mascaradas daban ocasión a gran cantidad de aventuras galantes….


“La Venecia de Vivaldi”- Patrick Barbier
Baile de carnaval, por Pietro Longhi


Grabado siglo XVIII


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